sábado, 10 de diciembre de 2011

Autora del texto: Mª de la Calle Alonso Ramírez

Catálogo de la exposición "Figuras de la exclusión. Una mirada desde el género".
Museo Patio Herreriano, Valladolid. 2011. págs. 141-143.

VICTORIA CIVERA (Port de Sagunt, Valencia. 1955)
Colorpánica, 2009


Victoria Civera
Colorpánica, 2009
Poliestireno, poliuretano, resina y poliéster
Medidas vartiables
C.A.C. BANCO PASTOR, S.A.

Textopánica

¡Miedo!, ¡pánico!, ¡vértigo! Atrapada en las palabras: pesadilla/mortificación lingüística. ¡Textopánica! Voces que me hablan, que se enredan, que se desvanecen, que no callan. Aventura emocional. Diálogo inútil conmigo misma. Exceso de mí, punto ciego. Me obligo a permanecer quieta, frente al teclado, haciendo caso omiso al asombro que me produzco, mientras hago y deshago hormigas/grupos/secuencias de letras que apenas si traducen lo que pienso. Impresiones, intuiciones, percepciones que encuentran resonancia en mi cabeza pero que se niegan a ser escritas conforme vienen.  Subida a las palabras busco un lenguaje que dé forma a lo informe.  ¡Caos discursivo! Pienso, siento, luego existo. Entonces ¿por qué no,… luego escribo? Quisiera no haberme reconocido en esa figura bruta/torpe/tosca/infantil. Pero ya es tarde, lo he hecho y distanciarme ahora no me es posible. O será que no quiero.
*   *   *
¿Y por qué no? ¿Y por qué si lo digo –lo expreso-, siento que me ven menos yo o me adjudican un yo al que no pertenezco más que en la mente del otro? ¡Miedo!, ¡pánico!  Azul, verde, negro. ¡Frágil! ¡Vulnerable!  Ser y no asustarse. Poder asustarse y no dejar de ser o, no por ello ser menos. Me aferro, me refugio por un momento (¡ojala no sea más que un momento!) en esa sensación infantil del no querer ver. Juego con el miedo. Tiempo de demora de lo inevitable o, quizás, esté atrapada en él.
Decir y decirlo de otra manera, subvirtiendo/rompiendo/transformando el lenguaje, el discurso, saliéndose del marco establecido para conceptualizar el mundo, para explicarlo y darnos sentido en él. Asumir el compromiso, el error y el acierto de describir, narrar, analizar desde otras realidades, desde nuestras experiencias, con nuestros ojos. Sin negar lo que ven, lo que sienten, lo que viven, lo que otras han vivido, sentido, visto.  
*  *  *
¡Pánico! Vértigo a ser leída como voz que se expresa en “forma reducida”, marginal, demasiado personal, incapaz de transcender a lo emocional y a la experiencia. ¡Poética de la feminidad! Y sin embargo,  ¡no! No se trata de eso. Me sitúo aquí, porque aquí es donde quiero estar y es, desde la experiencia compartida, desde donde quiero hablar. Plenamente consciente, alejo de mí un “neutro” que se me presenta inútil para expresar la complejidad de la realidad. Busco palabras de dos lados en las que no me tenga que desmembrar para ser comprendida. Busco, busco, rebusco.
*  *  *
Time is over! No más divertimento, no más demora, se acabó el juego, se acabó el miedo. Abro los ojos. Verde, azul, apenas negro. Enhebro un texto enganchado en el tiempo.
¿Naderías,  diría Victoria Civera? … 


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VICTORIA CIVERA (Port de Sagunt, Valencia. 1955)
Psss, psss,...,.2003




Victoria Civera
Psss,psss..., 2003
Técnica mixta sobre tela, 220x 305 cm
C.A.C. TILIFOR, S.L. 


"Caperucita encantada"
Daría casi igual en qué sala estuviera situada y con qué otras voces y formas compartiera espacio, serías capaz de oír su llamada, su invitación. Y con la misma facilidad te quedarías detenida y fascinada ante el poder de seducción que desprende la menuda figura femenina que ligera camina a través de un camino-cinturón, por un paisaje onírico en el que no parece sentirse extraña ni extrañada. ¿Qué secreto esconde la mujer que tanto parece divertirla? ¿Por qué esa mirada pícara y burlona que, unas veces, parece pura ingenuidad y otras, socarronería, como si se riera de nosotros?
Casi imposible evitar el paralelismo entre la figura femenina del cuadro y alguna de las protagonistas de los cuentos tradicionales. Demasiados cuentos a nuestras espaldas como para no reconocer las pocas posibilidades que tiene de salir bien parada. Combinación fatídica de elementos. ¿En qué cuento se nos ha permitido caminar solas, salirnos del sendero, asumir un papel que no era el asignado, sin que por ello no hayamos sido castigadas? Nuevos escenarios, nuevos formatos, otros lobos,…. La recompensa de la felicidad y la posibilidad de comer perdices -para siempre y acompañada- hoy viste de marca. Tras la sofisticación y el maquillaje sólo se esconde una sociedad que se resiste a cambiar. ¿Pero, no pudiera ser que la sonrisa de la mujer solitaria se deba a que, a pesar de todo, ha sabido escabullirse, ha encontrado una fisura en la que ser ella misma?
Cinturones, cinturones brillantes, sugerentes, caminos de cinturones que se alzan como murallas, vigilantes, cerrados. Barreras seductoras que enmascaran una realidad que de otra forma no se sostendría, que sólo a fuerza de constreñir, de apuntalar se mantiene. ¿Por qué si no esa sensación de que tras los cinturones, el fondo se desmorona, se desliza?
Psss, psss! nos interpela la mujer solitaria buscando nuestra complicidad. Psss, psss! la tienta, nos tienta una voz en el fondo. Psss, psss! y parece que es el espectador el que interrumpe su camino. Y en este juego a tres bandas las combinaciones-interpretaciones son casi infinitas. De pronto, las abstracciones se materializan en naturalezas diversas y un pequeño fragmento narrativo se convierte en múltiples relatos con la misma mujer como protagonista: sobre la seducción, sobre la dificultad de romper los atributos que culturalmente se han asignado a cada género, sobre la falacia de la moda y los nuevos príncipes azules, sobre la duda, los miedos y la afirmación…
Una vez más, Victoria Civera, nos lleva a su universo particular, a entrar en un juego en el que nada parece ser lo que es, en el que no hay una única respuesta sino más preguntas, a reconocer la naturaleza dual de las cosas, a mirar con otros ojos, a hacer de una experiencia cotidiana todo un acontecimiento para nada insignificante. 
«Pintar es como limpiarme los malos rollos», confesó la artista.


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